Un horno de cal es una construcción tradicional de Mallorca, en la cual se amontonaban piedras calcáreas para obtener la cal. El proceso para obtenerla consistía en mantener la piedra a unos 1000º o 1200º C. durante diez o doce días usando leña como combustible. Estos hornos se pueden encontrar en diversos puntos de la Serra de Tramuntana.

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Tiempo atrás, la cal era uno de los elementos más imprescindibles de nuestra sociedad: todas las obras se hacían con cal, como elemento cohesivo de la argamasa, las casas se blanqueaban, los médicos recetaban agua de cal, las viñas se salpicaban con cal, las piaras se desinfectaban, aún había muchas aplicaciones de este producto multifuncional. De hecho, cada casa tenía un rincón reservado a la tinaja de la cal. Tanta demanda exigía una gran producción, que se realizaba en los llamados hornos de cal, pequeñas fábricas en las que, con fuego, se convertía la piedra calcárea en cal.

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Un horno de cal consistía en una excavación (“olla”) tapiada hasta la parte de arriba de la superficie del terreno. Para producir cal, primero se preparaban fajos de leña, procedentes de la desmochada de las ramas bajas de los pinos, extraer la piedra y llevar los dos elementos cerca del horno. Acto seguido, con grandes piedras se componía una bóveda partiendo de la base interna del horno,  se dejaban agujeros entre las piedras para que pudieran pasar las llamas. Sobre esta bóveda, el resto del horno se llenaba de piedra viva y se cubría con cal muerta o tierra. El vacío bajo la bóveda se llenaba de leña fina y se prendía fuego. Era necesario añadir leña durante un tiempo, que variaba entre 9 y 15 días. La producción de cada hornada era de entre 100 y 150 toneladas de cal que, una vez cocida, se tapaba perfectamente con carrizo y ramas para evitar que se mojara, ya que esto la estropearía.

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