En 1931, bajo los azotes de la crisis vitivinícola, el joven bodeguero José Luís Ferrer apostó por un sueño innovador. Hoy, su bodega produce uno de los mejores caldos de las islas, bajo la denominación de origen de Binissalem. Más Mallorca le acerca el prestigio y la calidad de su tinto Reserva 2003, elaborado con uvas de Mantonegro y Cabernet Sauvignon, uno de los más apreciados por la casa.

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Este vino, de intenso rojo rubí y apariencia brillante, mantiene los aromas primarios de los cítricos, la vainilla, los lácteos, el coco de roble, el clavo y las especias perfectamente ensambladas en una mezcla cuidada. Su gusto es aterciopelado, muy equilibrado, agradable en boca y con sabor largo y duradero, que devuelve los aromas de la crianza, donde destaca el regaliz. Sometido a un proceso de fermentación y maceración durante 21 días en depósitos de acero inoxidable, su tiempo de crianza es de 14 meses en barricas y al menos 23 en botella antes de su comercialización. Puede consumirse durante los próximos cinco años, a una temperatura de servicio de 18ºC, debiendo mantenerse en ambientes adecuados, que no superen dicha temperatura. Desde la bodega José Luís Ferrer de Binissalem, su actual director y nieto del fundador, José Luís Roses, nos habla de su producción.

 

Su abuelo fue uno de los pocos bodegueros mallorquines que creyó en su proyecto tras la crisis ¿se necesita mucha pasión para dedicarse a la producción de vinos?
El vino crea pasiones entre productores y consumidores. Como productor, resulta muy atractivo participar en todo el proceso de elaboración, que empieza en la tierra y acaba en la botella.

¿De qué depende la obtención de un buen vino?
Del terreno, el cuidado de la viña, la climatología y una elaboración cuidada en la bodega.

¿Cuál es la parte más compleja del proceso?
El tratamiento de la viña. La producción de una uva propia es un trabajo agrícola muy importante que requiere buscar el equilibrio entre la calidad y la cantidad.

¿Qué distingue a sus vinos de los demás?
Nuestra variedad de uva y nuestra calidad. Buscamos un elemento diferenciador, un toque personal. Además creo que producimos los mejores vinos de Mantonegro.

¿Cómo se combina tradicionalismo y avance tecnológico en un sector tan exigente?
La tecnología punta siguen siendo las barricas tradicionales de roble. El mayor salto cualitativo ha sido la incorporación de tratamientos físicos para el control de la temperatura y la fermentación.

¿Qué opina de los cultivos ecológicos?
Son muy interesantes, especialmente en la zona del Mediterráneo, donde las condiciones climatológicas son muy buenas.
Nosotros ya tenemos una viña ecológica.

¿Cuál es la proyección internacional de sus vinos?
Tenemos una presencia importante en Alemania, Austria, Corea, Japón o Estados Unidos. Exportamos unas 100.000 botellas al año.

¿La competencia es mayor en la península?
Sí, sobre todo porque en la isla encontramos un gran escaparate para dar a conocer nuestros productos en el mercado exterior.

¿Cuál es el mejor acompañamiento para un buen vino?
Todo depende del momento, aunque podría decir una lechona mallorquina o una caldereta de langosta.